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Sí, he tenido que enfrentarme a la atrición lingüística


Salut ! Ola! ¡Hola! Olá!

Hoy, te traigo dos reflexiones sobre el segundo tema abordado por Carla, el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL): el nivel de idiomas adquirido y exigido en un examen, tema que dió lugar a muchas preguntas, y la cuestión mencionada en el título de esta entrada, la atrición lingüística.


Empezaré con la primera introspección, el nivel de idiomas adquirido y exigido en un examen, incluida dentro del tema 2 que he mencionado y que me llevó a escribir esta entrada y, por lo tanto, a reflexionar sobre ello. 

Seguramente ya te examinaste de un nivel de idiomas para poder mejorar profesionalmente, para enriquecer tu Currículum Vitae o para poder irte de Erasmus. Para certificar dicho nivel, tienes que pasar un examen en el que tu nivel comunicativo tiene que enmarcarse dentro de una especie de rúbrica: el MCERL.

Para comenzar, quisiera definir qué es el MCERL. Este marco fue elaborado entre el año 1992 y 1996 y traducido a varios idiomas. Hoy en día se considera como la norma internacional para la enseñanza y el aprendizaje de los idiomas. Este marco hace que los estudiantes de lenguas reflexionen y se aseguren de tener el nivel lingüístico, de adquirir la competencia lingüística esperada, además de la comunicativa, y la adecuación de cada idioma. 

Pero, ¿qué es la competencia comunicativa y lingüística? Según el diccionario de términos clave del Centro Virtual Cervantes, la competencia comunicativa es «la capacidad de una persona para comportarse de manera eficaz y adecuada en una determinada comunidad de habla». Existen distintas teorías y estudios sobre este tema, pero el Marco Común Europeo de Referencia se centra en las competencias lingüísticas, sociolingüísticas y pragmáticas. Estas competencias son definidas en los textos de ley educativa como el saber, el saber hacer, el saber ser y el saber aprender. Centrándonos en la competencia lingüística, esta reúne la expresión y la comprensión oral y la expresión y la comprensión escrita. 

Seguramente te diste cuenta de que, al prepararte para ese examen, existen varias competencias comunicativas y lingüísticas que tienes que dominar, todas ellas adecuándose al nivel al que te estás presentando. 

Seguramente te diste cuenta de que no tienes el mismo nivel en cada una de esas competencias lingüísticas en ese idioma extranjero que estás adquiriendo,

Sin embargo, el mero hecho de obtener la certificación de un idioma, por ejemplo inglés de nivel B2 (mi peor pesadilla...), implica tener la misma nota en TODAS las competencias lingüísticas de los conocimientos adquiridos. 

Entonces, ¿cómo puede ser que pueda certificarme y lograr obtener un nivel B2 de inglés si, a la hora de comunicarme en ese idioma, mi punto débil es, por ejemplo, el speaking?

Lo mismo pasa para el examen de nivel B2 del DELF: para obtener el diploma acreditativo tengo que obtener mínimo 50 puntos sobre 100 y con un mínimo de 5 puntos sobre 25 en cada prueba. Y así para todos los idiomas. La persona que obtiene 50 sobre 100 tiene el mismo certificado de nivel B2 que la persona que obtiene 100 sobre 100. ¿Te parece lógico? Pues a mí, no. Para nada lógico, ni racional, ni normal. 

Quisiera concluir esta primera parte con un aspecto primordial cuando queremos aprender un nuevo idioma extranjero: no debemos perder de vista que SIEMPRE tenemos que formarnos en todas las competencias. El aprendizaje de un idioma extranjero es largo y hay que dedicarle el tiempo necesario y, sobre todo, con el fin de reforzar las competencias que nos resulten más difíciles, hay que practicar, esforzarse y perder la vergüenza o el miedo. 



De ahí mi siguiente reflexión que quisiera plasmar aquí y que encabeza mi entrada: ¿existe la posibilidad de perder un idioma, incluso materno, si no seguimos estudiándolo, trabajando o practicando? Si tenemos en cuenta que la muerte de un idioma es un fenómeno colectivo, existe un concepto, la atrición lingüística, que es por lo contrario un fenómeno individual. Es un término que Einar Haugen (1938), lingüista americano, mencionó en su libro Language and Immigration al referirse al cambio de identidad que sufrían los migrantes en América. Este fenómeno se reconoce cuando existe un contacto entre dos lenguas: en un país donde pueden cohabitar lenguas cooficiales o en las migraciones. 

En este punto, hablaré sobre mi experiencia como migrante. En el efecto llamado «bilingüismo», siempre existirá una lengua que será dominante y en mi caso, al migrar a España, el castellano se convirtió en la lengua predominante y el francés, en mi lengua materna. Sin embargo, en mi región de origen se hablaba también otro idioma: el corso. Considero que no tenía todas las competencias en corso, pero si lo entendía, lo leía y lo hablaba con cierta dificultad. . Has leído bien, entendía, leía y hablaba. Ya no. Es tal el impacto que el castellano causó en mí que hizo que mi mente, mi cerebro se olvidara de mi lengua materna, el francés. La atrición casi «conquista» mi lengua materna, pero en el momento en el que me di cuenta de que la estaba perdiendo, le he puesto remedio volviendo a escuchar la radio, viendo series o películas en versión original y leyendo (mucho) a escritores francófonos. Sin embargo, he tenido que dejar, con mucha pena y sin apenas darme cuenta, el corso por el camino, pero lo he sustituido por el gallego y el portugués. 😎

Volviendo a mi reflexión anterior, con el estudio constante se ejercita, se asegura la consolidación del idioma extranjero aprendido, pero también se conserva el idioma materno


¿Qué opinas? Te leo en comentarios...👇

Si te gustó, y si quieres, nos vemos en la siguiente entrada. 😉