Mostrando entradas con la etiqueta contexto tema 1 Carla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contexto tema 1 Carla. Mostrar todas las entradas

¿Tú también lo eres?

Salut ! Ola! ¡Hola! Olá!

Durante nuestra primera sesión con Carla, de la asignatura de «As linguas estranxeiras no contexto español e internacional», se trató el tema «O ensino de linguas no presente modelo educativo, estatal e autonómico».

Durante esta clase, dos términos me llamaron la atención y son los que me llevan a escribir esta entrada.

El primero fue a raíz de una actividad: para que nos presentemos ante ella y los compañeros, Carla, la profesora, nos pidió mencionar tres hechos sobre nuestra vida y uno de ellos debía ser falso. Esta actividad me pareció no solo divertida, pero también interesante ya que es muy fácil de poner en práctica en cualquier clase (no solo en las de enseñanza de idiomas extranjeros). Estos tipos de clases dinámicas son las que todo docente debería integrar en sus aulas para motivar a su alumnado.

Durante este ejercicio, me llamó la atención el comentario de una compañera, Lidia, que considera que todos los buenos docentes desarrollan una vena artística, la de ser actor o actriz. La palabra (o adjetivo) «actor», « actriz», puede referirse a la persona que interpreta un personaje o un papel, pero tiene muchos más significados. Etimológicamente hablando «actor» es una voz del latín actoris, es decir, la persona que realiza la acción y la imagen que me viene a la mente es la de una máquina o de alguien que produce un movimiento. El futuro profesorado DEBE ayudar a forzar el engranaje para que este siempre siga en actividad y con una inquietud creciente. Cabe mencionar que en griego, «actor», es hypokrites, que nos lleva a pensar en hipócrita, lo que los actores hacen, es decir, fingir algo que no se tiene, pero para los griegos iba más allá: es alguien que miraba debajo de algo, buscaba lo que estaba escondido. ¿A caso no es lo que hace (o debería hacer) el profesorado? ¿Buscar, investigar, averiguar, escudriñar, examinar en todas y cada una de las partes de su alumnado? Sugiero esta definición: un BUEN docente es un actor que pone en marcha una máquina, que la empuja, la ayuda, que siempre va más allá y ve lo que los demás no supieron ver.

El segundo elemento que me llevó a reflexionar (e indagar) es un aspecto «negativo» al que el profesorado puede verse enfrentado: el síndrome del impostor. Este término fue acuñado por Pauline Rose Clance y Suzanne Imes y Julia Martins en Asana lo describe muy bien. A pesar de que al origen, se pensaba que este síndrome afectaba únicamente a las mujeres, en la actualidad los dos géneros pueden sufrirlo y no importa el sector profesional. Sin embargo, centraré mi reflexión en el profesorado de idiomas. Estos últimos tienen el sentimiento de no poder enseñar porque no tienen los conocimientos suficientes para ello y, en general, los primeros en experimentarlo son los docentes inexperimentados.

Me parece importante reflexionar sobre la posibilidad de que cada persona que se está formando para la docencia podría adolecer de inseguridad hacia sí misma. En su blog, Ruth Ibáñez nos habla desde una experiencia vivida y nos aporta su opinión con la que no solo estoy de acuerdo, pero también comparto porque es exactamente lo que, en muchos momentos de mi vida estudiantil o profesional, he pensado. Frases como «no ha sacado una buena nota por mi culpa porque no he sabido enseñarle correctamente» o «se darán cuenta que no soy tan buena como piensan» dejan que asome el síndrome del impostor. Siento en mis hombros todo el peso de la responsabilidad del éxito o del fracaso del examen del alumnado. También debería pensar y analizar por qué mi alumnado progresa y que, «quizás», las horas de preparación de las lecciones magistrales o de las actividades de prácticas tienen mucha importancia. «Quizás» debería culpar a mi nivel de autoexigencia por sentirme una «impostora», como tantos docentes que estiman que no son lo suficientemente buenos para preparar al alumnado para su futuro. «Quizás», si me preguntan algo para lo que no sabré contestar, debería decir la verdad: no lo sé, lo averiguo, os lo diré en la próxima sesión. No somos máquinas, ni enciclopedias, no tenemos por qué saberlo TODO.

Al igual que existe el síndrome del impostor, el Dunning-Fruger es lo opuesto: la sobrevaloración donde las personas menos cualificadas se sobreestiman. En inglés ultracrepidarianism y en francés ultracrépidarianisme, los ultracrepidianos son personas que no tienen competencias o conocimientos creíbles, que opinan y dan consejos sobre ámbitos que, por lo general, no conocen. Desgraciadamente, estas personas también enseñan. Estas personas también aportan una imagen errónea al alumnado porque cuanto mayor es la incompetencia del docente, mayor fracaso escolar.

Me gustaría acabar esta entrada con dos reflexiones. La primera, de Gottfried Wilhelm Leibniz, dice lo siguiente: «Sobre las cosas que no se conocen siempre se tiene mejor opinión» y la segunda, de David Fishman, «El mejor maestro no es el que sabe más, sino aquel que hace que el alumno aprenda más».

¿Qué opinas? Te leo en comentarios...👇

Si te gustó, y si quieres, nos vemos en la siguiente entrada. 😉